Una chica en el cumpleaños de Jesús.
No sabía que aquel día estaba conociendo a la persona que acabaría significando tanto para mí. Después llegó el día en el que te pedí salir. Y sin saberlo, empezó todo.
Después vinieron los audios, las noches, las bromas, los besos, las discusiones por tonterías y esa sensación de paz que aparecía simplemente por estar contigo.
“Tu eras mi futuro.”
Nos conocimos, nos elegimos y fuimos llenando meses enteros de pequeñas cosas que ahora tienen nombre propio.
Todo lo que hizo que fuéramos nosotros.
Mallorca
El primer día que dormimos juntos. Despertarme y recibir aquel beso. Aquel camarote del ferry en el que gastar 150 € no era gastar dinero: era conseguir que estuvieras cómoda.
Hunter x Hunter
Ir a tu casa a verla juntos. Killua. La primera toma del manga. Y todas esas conversaciones que empezaban por cualquier tontería.
Los pequeños regalos
El anillo de Tiana y el Sapo. El collar con una L. El oso de peluche vestido de Grinch navideño. El peluche de Barrancas de El Hormiguero que gané en las escopetas de feria y que acabó siendo tuyo. Los Snickers. El imán de Valencia. La rosa eterna con mi olor. La camiseta personalizada. De la taza que me regaló tu madre.
Los lugares
El descampado antes de Villa Conesa. La playa. Las calles de vuelta a casa bajo la lluvia. Sitios que para cualquiera son lugares, pero que para nosotros tienen una historia.
Hachi
Mi gato, al que tú pusiste Hachi por aquel personaje de Nana. Otro pequeño trozo de ti que se quedó conmigo.
Corazón de melón melón
Probablemente el apodo al que más cariño le he tenido nunca. Una tontería para cualquiera. Para nosotros, una forma de decir “eres tú”.
Una colección de momentos.
No están aquí porque sean fotografías perfectas. Están aquí porque son nuestras. Algunas cuentan una historia completa y otras solo necesitan que tú las mires para recordar.
Momentos que todavía se mueven.
Las tonterías también cuentan.
Hay recuerdos que no necesitan una gran historia. A veces basta una imagen, una frase o una tontería que solo nosotros entendíamos.
“te amo mi reina”
nuestro sticker más usado.
Para cuando hayan pasado muchos años.
Ángelica,
No sé muy bien cómo empezar esta carta. Supongo que porque llevo nueve meses y cuatro días intentando encontrar las palabras correctas para decirte todo lo que siento, y ahora que posiblemente sea la última vez que te lo diga, ninguna palabra parece suficiente.
Nos conocimos en el cumpleaños de Jesús. Qué raro pensar que aquel día yo no tenía ni idea de que estaba conociendo a la persona que acabaría significando tanto para mí.
Y más tarde llegó aquel primer dia que te pedí salir. No sabía todo lo que iba a venir después. No sabía que iba a existir un corazón de melón melón que terminaría siendo el apodo que más cariño le he tenido a alguien. No sabía que acabaría esperando tus audios todos los días para escuchar cómo habías soñado aquella noche. No sabía que iba a conocer esa sensación de paz que me daba con simplemente estar a tu lado.
No sabía que iba a echar de menos tus vaciladas, tus besos en el cuello, los días que estabas especialmente cariñosa y me decías cuánto me querías. No sabía que una persona podía convertirse tan rápido en parte de la rutina, de los pensamientos, de los planes y hasta de la forma de imaginar el futuro.
Y sin embargo, pasó.
Todavía me acuerdo del día que fui a tu casa a ver HunterXHunter, tu capítulo favorito en concreto. De estar contigo y pensar que había tenido muchísima suerte.
Y ahora, cuando miro atrás, hay algo que me cuesta mucho mucho aceptar, que todos esos momentos ya forman parte del pasado.
Mallorca, perder días que dormimos juntos, despertarme y ver al amor de mi vida acurrucada en un hombro, y darle un beso. Acompañarte aquel día mientras llovía un montón solo para saber que llegabas bien. Nuestro lugar, el descampado de Villa Conesa, el lugar donde han pasado cosas a las cuales Dios no le harían gracia. Las conversaciones que empezaban hablando de cualquier tontería y terminaban siendo las más profundas. Los días buenos, los días malos, las fiestas, los días que te acostabas en mí o te apoyabas en un hombro porque estabas cansada, los abrazos, los besos, las veces que nos picábamos por tonterías y acabábamos pidiéndonos perdón mutuamente. Todo.
Y también están todas esas pequeñas cosas que fui dejando por el camino, cosas que quizás algún día parezcan insignificantes para cualquiera, pero que para mí siempre van a tener un nombre.
El día en los Urrutias, donde te regalé el anillo de Tiana y el Sapo de Pandora, el collar con mi inicial, la L, ambos en oro porque sabía que no te gustaba la plata. El oso de peluche con disfraz del Grinch, Barrancas de El Hormiguero que gané en las escopetas de feria y que acabó siendo tuyo. La primera toma del manga de HxH, la figura de Killua que no encaja, los Snickers que te daba siempre que podía porque sabía que eran tus favoritos.
Me acuerdo incluso de las veces que sacaba más nota de ti en los exámenes porque me copiaba. Me acuerdo de la camiseta con referencias nuestras que hiciste, la cual guardo como un tesoro. De la taza que me regaló tu madre. De aquella rosa eterna que te di cuando te pedí salir, con mi olor, porque quería que tuvieses algo que te recordase a mí incluso cuando yo no estuviera. También con su cartita con una rosa 3D donde decía si querías ser mi novia.
Me acuerdo de esa mini carta de San Valentín y el ramo de flores. Del ramo que te di el día de la graduación enfrente de tu familia. Del camarote del ferry de Mallorca que compré para que pudieras descansar bien. Porque a mí no me importa gastar todo lo que tengo con tal de que estuvieras feliz y cómoda.
También me acuerdo de los vapers que te regalé porque no nos gustaban los mismos, de las tonterías que te regalaba para que estuvieses contenta. De todas las veces que te decía que One Piece era el mejor anime de todos los tiempos, aunque estuvieras cansada de escucharme decirlo.
Del imán que te di de Valencia después de volver de Mallorca para que se lo pudieras dar de recuerdo a tus padres.
Y me acuerdo de todas las veces que me echabas la bronca porque no te decía lo guapa que estabas, incluso cuando yo pensaba que era evidente.
Ahora entiendo que los regalos no eran lo importante. Lo importante era que cada uno de ellos tenía detrás una parte de mí pensando en ti.
Incluso las veces que tuve la oportunidad de pasar más tiempo contigo y las desperdicié. Esas son probablemente algunas de las cosas que más debo ahora. Porque los regalos puedo volver a comprarlos, el dinero puedo volver a ganarlo. Pero tu presencia y el tiempo que tuve contigo y no aproveché, no me lo devuelve nadie.
Incluso las oportunidades de abrazarte un poquito más, de quedarme un rato más, de verte un día más, de decirte algo bonito en lugar de dejarlo para después.
Ahora daría muchísimo por poder volver a esos momentos sabiendo lo que sé hoy.
Y hay algo que necesito decirte una última vez, aunque probablemente ya lo hayas escuchado demasiadas veces: lo siento.
No por haber sido perfecto y haber cometido un error, porque no fui perfecto. Lo siento porque te hice daño de una manera que nunca debí hacerlo.
Sé que no fue solamente aquello que ocurrió antes de que fuéramos novios. Sé que lo que realmente te rompió fue que no te lo contara y que después te lo negara. Y no existe ninguna explicación que convierta eso en algo que estuviera bien.
Ojalá hubiera tenido entonces la madurez que tengo ahora. Ojalá hubiera entendido que decirte la verdad podía dolerte muchísimo menos que perder tu confianza. Ojalá pudiera volver atrás. Pero no puedo.
Lo único que puedo hacer es llevarme esa lección conmigo el resto de mi vida.
Y quiero que sepas que todo lo que hice después de cambiar no lo hice únicamente para que me perdonaras, lo hice porque entendí que tenía que ser mejor. Porque tú fuiste quien me hiciste querer ser mejor.
Y aunque algún día ya no estés a mi lado, espero no perder nunca esa parte de mí que nació durante estos meses contigo.
También quiero que tú te lleves algo de mi Ángelica, y quiero que lo recuerdes muy bien: nunca nunca dejes de perseguir tus sueños.
Sé que a veces puedes pensar que algunas cosas son demasiado difíciles o que algunos sueños son una tontería, no lo son.
Si algún día quieres hacer voluntariado, hazlo. Si quieres viajar por el mundo, viaja. Si quieres conocer lugares que ahora solo existen en tu para ti de TikTok, ve a conocerlos. Si quieres ayudar a alguien que no tiene absolutamente nada que ofrecerte a cambio, hazlo.
Sigue siendo buena con la gente independientemente de quién sea, de cuánto tenga o de dónde venga.
Y sigue queriendo a los gatitos, porfa, eso no lo cambies nunca.
Quiero que consigas todo aquello que tantas veces me has contado.
Y cuando estés viviendo alguna de esas cosas, espero que por un segundo recuerdes que hubo un chico que creyó mucho en ti. Que incluso cuando tú dudabas de ti misma, él estaba convencido de que podías hacerlo. Ese chico, era yo.
Y hay una cosa más que nunca te dije.
Si algún día tienes un hijo, adoptado o biológico, aunque según tus creencias descarto la segunda, hay un nombre que me haría muchísima ilusión que recordases.
Luca.
No tienes ninguna obligación, evidentemente, solo quiero que sepas que durante mucho tiempo mi sueño fue imaginar una vida contigo en la que algún día existiera una personita con ese nombre.
Quizá nunca ocurra, quizá tu vida tome un camino completamente diferente, y aunque me duela imaginarlo, quiero que seas feliz igualmente. Porque quererte también significa querer ser feliz aunque algún día esa felicidad ya no tenga que ver conmigo.
Yo imaginaba viajar contigo, vivir contigo, casarnos algún día en algún lugar especial, conocer el mundo contigo, hacer ese viaje a Japón, hacernos aquel tatuaje de las estrellas, y celebrar muchísimos cumpleaños, aniversarios y días completamente normales.
Pero, sobre todo, imaginaba algo muchísimo más sencillo: volver a casa y encontrarte allí.
Eso era mi futuro, tú eras mi futuro, y por eso me duele tanto.
Pero no quiero terminar esta carta hablando solamente de lo que perdimos. Quiero hablar de lo que tuvimos.
Porque durante nueve meses y cuatro días tuve algo que jamás voy a considerar poca cosa.
Tuve a alguien que me hizo sentir querido, tuve a alguien cuyos audios esperaba todos los días, tuve a alguien que me enseñó una forma de querer que no conocía, tuve a alguien que me hizo pensar en el futuro de una manera que nunca había hecho.
Tuve un corazón de melón melón, y tuve la suerte de poder llamarte mi novia.
Eso no me lo quita nadie, ni siquiera el final.
Por eso, si esta carta acaba siendo realmente una despedida, quiero que la guardes.
No para que te sientas mal, no para que vuelvas conmigo por pena, no para que te obligues a recordar una relación que quizá algún día necesites dejar atrás.
Guárdala simplemente para que, cuando seas mucho más mayor y mires hacia atrás, puedas recordar que una vez hubo dos niños que se quisieron muchísimo, que tuvieron sus errores, que tuvieron días malos, pero que también tuvieron momentos preciosos.
Y que, durante un tiempo, se hicieron felices.
Si algún día vuelves a leer esto, dentro de diez, veinte, treinta o cincuenta años, probablemente vuestras vidas sean completamente diferentes. Quizás tengas una familia, quizá hayas viajado por todos esos lugares que soñamos, quizás estés viviendo una vida que ahora ni siquiera puedes imaginar.
Y espero sinceramente que cuando leas o escuches mi nombre no sientas tristeza.
Espero que sonrías.
Porque eso es lo que quiero pensar yo de ti.
No quiero recordar únicamente cómo terminó, quiero recordar cómo empezó.
Una chica con la que hablé en el cumpleaños de Jesús sin intención alguna, una rosa eterna, una carta, un “te quiero”, “444”, Mallorca, HunterXHunter, Killua, unos Snickers, el descampado antes de llegar a Villa Conesa, tus audios, tus besos, tus abrazos, el collar, el anillo, la camiseta que me hiciste, un gato llamado “Hachi” y una chica que durante un tiempo llamé corazón de melón melón.
No sé qué pasará después de nosotros, no sé si nuestros caminos volverán a encontrarse, no sé si algún día podremos mirarnos y sentir lo mismo que sentimos ahora.
Pero sí sé una cosa, te voy a querer durante mucho tiempo.
Y si algún día la vida nos vuelve a poner delante el uno del otro, espero que podamos mirarnos y saber que, aunque no salió como imaginábamos, lo que vivimos fue real.
Gracias por estos nueve meses y cuatro días, gracias por quererme, gracias por enseñarme, gracias por aguantarme, gracias por hacerme sentir querido, gracias por haber sido mi persona favorita, el amor de mi vida.
Y sobre todo, gracias por haber sido tú.
Te quiero, corazón de melón melón.
Siempre voy a querer que cumplas tus sueños,
y siempre voy a estar orgulloso de la chica que conocí aquel día.
Luca.
Si algún día vuelves aquí…
No sé qué pasará después de nosotros. No sé si nuestros caminos volverán a encontrarse. No sé si algún día podremos mirarnos y sentir lo mismo que sentimos ahora.
Pero sí sé una cosa.
Te voy a querer durante mucho tiempo.
Y siempre voy a estar orgulloso de la chica que conocí aquel día.